Las galletas siempre se asocian con el calor del hogar y momentos felices. Nadie se resiste a comerse unas galletas recién horneadas por un familiar querido en la cocina de la casa. Una linda imagen y el recuerdo que muchos tienen de niños.

Un poco de historia en torno a las galletas

En las ruinas arqueológicas de la ciudad de Pompeya (desaparecida por el volcán Vesubio en el año 79 D.C.) se encontraron moldes de panes, tortas y lo que parecían ser galletas, que por la lava del volcán conservaron su forma. Tal es su antigüedad, que son mencionadas en algunos libros sagrados.

La familia Medici, en la Florencia del Renacimiento servía galletas en las fiestas de la corte. Gracias a ello, se comienza a asociar con elegancia y refinamiento. Muchas galettes (galletas) eran elaboradas por las monjas en conventos de Francia. La galleta fue evolucionando y, con el tiempo, comenzó a variar sus sabores y presentaciones.

De la mano de la revolución industrial, comienzan a producirse grandes cantidades de galletas en fábricas, muchas de ellas en los Estados Unidos, en donde se inventaron varias de las galletas más famosas del mundo.

Como por ejemplo, la galleta de chispas de chocolate. Su creadora, según los estudiosos de la gastronomía, fué Ruth Graves propietaria de un pequeño restaurante y a quién se le ocurrió colocar chispas de chocolate a la masa para sustituir el azúcar, ingrediente esencial que olvidó comprar en el almacén. Las mejores cosas de la vida a veces se descubren por error.

Otra galleta muy famosa es la galleta de la suerte cuya magia reside en que dentro de ella, en un pequeño papel, aparece un mensaje especial difícil de descifrar.

Fue llevada a la ciudad de San Francisco a principios del siglo XX, por los obreros chinos. Se producían a mano de manera artesanal. Hoy, todo el proceso de producción es automatizado.